Vista aérea de Manhattan en Nueva York, cuyo nombre tiene raíces en las lenguas de los pueblos indígenas de la región.
Manhattan es una de esas palabras que prácticamente todo el mundo reconoce.
Aparece en películas, canciones, libros y millones de fotografías de Nueva York.
Sin embargo, pocas personas conocen de dónde salió realmente el nombre.
Para descubrirlo hay que regresar más de 400 años, cuando los rascacielos no existían y los pueblos Lenape habitaban la región.
Cuando los europeos comenzaron a explorar esta parte de América del Norte durante el siglo XVII, encontraron un territorio habitado desde hacía generaciones por comunidades indígenas.
Los Lenape mantenían una profunda relación con los ríos, bosques y recursos naturales de la región.
Los europeos comenzaron a registrar palabras indígenas para identificar diferentes lugares.
Una de ellas terminaría convirtiéndose en Manhattan.
En documentos históricos aparecen distintas grafías, entre ellas Manna-hata y Manahatta.
Con el tiempo, las adaptaciones europeas terminaron dando forma al nombre actual.
Aquí aparece una de las curiosidades más interesantes.
Durante años se popularizó la idea de que Manhattan significaba “isla de muchas colinas”.
La explicación resulta atractiva, pero simplifica una historia lingüística mucho más compleja.
Una interpretación estudiada por especialistas relaciona el término indígena con un lugar donde se obtenía madera apropiada para fabricar arcos.
La dificultad está en que los europeos intentaron escribir sonidos pertenecientes a lenguas que no conocían. Por eso existen diferentes versiones históricas del nombre y también distintas interpretaciones sobre su significado original.
Lo que sí está claro es algo mucho más importante:
Manhattan tiene raíces indígenas.
Imaginar Manhattan antes de Nueva York resulta difícil.
No existían avenidas perfectamente trazadas.
Tampoco Central Park, Wall Street como centro financiero o los gigantescos edificios que actualmente dominan el horizonte.
El paisaje incluía bosques, humedales, arroyos, colinas y una enorme diversidad natural.
Los Lenape utilizaban estos territorios para desplazarse, pescar, cultivar, cazar y establecer comunidades.
La cuadrícula que hoy define gran parte de Manhattan llegaría siglos después.
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Durante el siglo XVII, los Países Bajos establecieron una colonia en la región.
Los neerlandeses desarrollaron Nueva Ámsterdam en el extremo sur de Manhattan.
Ese asentamiento crecería alrededor del comercio y de su estratégica ubicación entre rutas marítimas.
Con el paso de las décadas aparecieron calles, fortificaciones, viviendas y establecimientos comerciales.
Algunas huellas de aquella etapa todavía sobreviven en el mapa moderno.
La historia dio otro giro en 1664.
Los ingleses tomaron Nueva Ámsterdam y cambiaron su nombre por New York, en honor al duque de York.
Nueva Ámsterdam desapareció como nombre oficial.
Manhattan, en cambio, sobrevivió.
La palabra de origen indígena continuó utilizándose hasta convertirse en uno de los nombres geográficos más conocidos del planeta.
Este punto todavía genera confusión entre algunos visitantes.
Manhattan no es toda la ciudad de Nueva York.
New York City está formada por cinco boroughs:
Manhattan, Brooklyn, Queens, The Bronx y Staten Island.
Cada uno tiene barrios, comunidades e identidades propias.
Sin embargo, Manhattan concentra tantos lugares internacionalmente reconocidos que frecuentemente se utiliza su imagen para representar a toda la ciudad.
Times Square está aquí.
Central Park también.
Wall Street, Broadway, Rockefeller Center, Fifth Avenue y el Empire State Building forman parte de Manhattan.
Por eso, cuando Hollywood necesita mostrar rápidamente que una historia ocurre en Nueva York, casi siempre utiliza alguna imagen de este borough.
Su geografía tuvo mucho que ver.
La isla se encuentra entre los ríos Hudson y East y posee acceso hacia uno de los grandes sistemas portuarios de la costa estadounidense.
Esa ubicación favoreció el comercio y posteriormente ayudó al crecimiento económico de Nueva York.
Con el paso de los siglos, Manhattan acumuló puertos, negocios, bancos, periódicos, teatros, tiendas y oficinas.
Después llegaron los rascacielos.
El territorio indígena que los primeros europeos conocieron terminó transformándose en uno de los centros financieros, culturales y comerciales más importantes del mundo.
Aquí aparece la gran paradoja.
Manhattan representa para millones de personas modernidad, capitalismo, arquitectura, moda y poder financiero.
Sin embargo, la palabra que identifica ese paisaje nació mucho antes que Wall Street.
Antes que Broadway.
Antes que Estados Unidos.
Incluso antes que Nueva York.
Cada vez que alguien pronuncia “Manhattan”, repite una palabra cuya historia conduce hasta los habitantes originarios de esta región.
Nueva York cambió casi todo lo que existía sobre aquella isla.
Construyó calles, túneles, puentes y rascacielos.
Transformó radicalmente su paisaje.
Pero después de más de cuatro siglos de cambios, existe algo que todavía conecta al Manhattan moderno con el territorio que encontraron los primeros europeos:
su nombre.
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