Nueva York despide a una creadora que ayudó a transformar su escena artística. Yayoi Kusama murió a los 97 años en un hospital de Tokio, Japón. Su fallecimiento ocurrió el 14 de agosto y fue anunciado públicamente el 27 de agosto por su estudio y fundación.
La artista japonesa convirtió los lunares, las redes infinitas y los espejos en elementos reconocibles alrededor del mundo. Sin embargo, Nueva York ocupó un lugar decisivo en su trayectoria. Kusama llegó a Estados Unidos en 1957 y poco después se instaló en Manhattan, donde encontró una escena artística en plena transformación.
Yayoi Kusama encontró en Nueva York un espacio para crear
Durante los años sesenta, Kusama presentó pinturas, esculturas, instalaciones y performances. Sus enormes Infinity Nets llamaron la atención de artistas y críticos. También desarrolló sus Accumulation Sculptures y participó en la expansión del pop, el minimalismo y otras corrientes de vanguardia.
Además, utilizó espacios públicos neoyorquinos para realizar acciones relacionadas con el pacifismo y la contracultura. Su presencia destacó dentro de un ambiente artístico dominado principalmente por hombres. Con el tiempo, su obra también llegó al MoMA y al Whitney Museum.
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Un legado que regresó con fuerza
Kusama volvió a Japón en 1973. Años después ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio y mantuvo su estudio cerca de la institución. Allí continuó desarrollando una producción que incluyó pintura, escultura, literatura e instalaciones.
Sus Infinity Mirror Rooms impulsaron una nueva etapa de popularidad internacional. Además, sus calabazas y lunares acercaron el arte contemporáneo a públicos de distintas generaciones. Kusama continuó pintando hasta sus últimos días; Su carrera recibió importantes reconocimientos internacionales. En 2006 obtuvo el Praemium Imperiale y en 2017 abrió en Tokio el museo dedicado a su obra.