Noticias

Yayoi Kusama y Nueva York: la ciudad que convirtió sus obsesiones en una revolución artística

Yayoi Kusama llegó a Nueva York cuando todavía estaba muy lejos de convertirse en una de las artistas más reconocibles del planeta.

No tenía una gran fortuna detrás.

Tampoco una institución capaz de garantizarle el éxito.

Tenía pinturas, ideas obsesivas y la convicción de que necesitaba estar en el centro del nuevo mundo del arte.

Kusama se instaló en Nueva York a finales de los años cincuenta y rápidamente entró en contacto con la escena avant-garde que estaba cambiando Manhattan. Allí desarrolló algunas de las ideas que posteriormente definirían toda su carrera.

Décadas después, sus puntos, espejos y calabazas se encuentran entre las imágenes más reconocibles del arte contemporáneo.

Y una parte fundamental de esa historia comenzó aquí.

Nueva York fue su gran apuesta

Kusama nació en Matsumoto, Japón, en 1929.

Desde pequeña experimentó visiones repetitivas que posteriormente transformaría en arte: puntos, patrones, flores y superficies que parecían multiplicarse sin terminar.

A finales de los cincuenta decidió trasladarse a Estados Unidos.

Nueva York atravesaba entonces una revolución artística.

El expresionismo abstracto dominaba parte de la conversación, mientras una nueva generación comenzaba a experimentar con Pop Art, minimalismo, performances y nuevas formas de instalación.

Kusama encontró el escenario perfecto para experimentar.

Sus redes infinitas aparecieron antes que las Infinity Rooms

Uno de sus primeros grandes trabajos neoyorquinos fueron las Infinity Nets.

Eran enormes lienzos cubiertos por pequeños patrones repetidos prácticamente hasta el infinito.

La repetición se convertiría en una obsesión permanente.

Posteriormente aparecieron esculturas cubiertas por formas blandas repetitivas, happenings, performances y finalmente una idea que cambiaría su carrera: utilizar espejos para crear la ilusión de un espacio sin límites.

En 1965 realizó Infinity Mirror Room—Phalli’s Field, considerada su primera Infinity Mirror Room.

Décadas después, esas habitaciones se convertirían en auténticos fenómenos culturales.

Kusama estaba cerca de Warhol antes de convertirse en fenómeno mundial

El Nueva York de los sesenta reunió a algunos de los nombres que posteriormente definirían la historia del arte contemporáneo.

Andy Warhol, Claes Oldenburg y Donald Judd formaron parte del ecosistema artístico en el que Kusama desarrolló su trabajo.

Sin embargo, ser mujer, japonesa e inmigrante dentro de aquella escena también significaba competir dentro de un mercado dominado principalmente por hombres occidentales.

El reconocimiento masivo tardaría décadas en llegar.

Kusama regresó a Japón en 1973 y desde 1977 vivió voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio, mientras continuaba trabajando diariamente en su estudio cercano.

Nueva York, sin embargo, nunca desapareció de su historia.

Lee también:El Met cancela exposición de John Galliano en Nueva York

Hoy puedes encontrarte con Kusama camino al tren

Uno de los mejores ejemplos del vínculo entre la artista y Nueva York está lejos de una galería tradicional.

Está bajo Manhattan.

En Grand Central Madison, la terminal del Long Island Rail Road, se encuentra A Message of Love, Directly from My Heart unto the Universe.

La enorme obra de mosaico fue instalada en 2022 y transforma un espacio utilizado diariamente por miles de pasajeros en una explosión de formas y colores asociadas inmediatamente con Kusama.

Eso significa que en Nueva York no necesitas necesariamente comprar una entrada a una exposición para encontrarte con su obra.

Puedes verla mientras vas al trabajo.

Las Infinity Rooms cambiaron la relación entre museos y redes sociales

Existe además una razón por la que generaciones mucho más jóvenes conocen a Kusama.

Las Infinity Mirror Rooms prácticamente anticiparon la era de Instagram.

Una persona entra en una pequeña habitación. Luces, objetos y espejos multiplican su reflejo aparentemente hasta el infinito.

La obra se contempla.

Pero también se fotografía.

Esa característica convirtió las instalaciones de Kusama en fenómenos capaces de provocar filas enormes y entradas agotadas en museos alrededor del mundo.

El éxito fue extraordinario: exposiciones recientes de la artista llegaron a superar los cientos de miles de visitantes.

Kusama consiguió algo particularmente difícil.

Su obra funcionaba dentro del mercado del arte y, simultáneamente, dentro de la cultura popular.

Nueva York también impulsó su regreso al mercado internacional

La relación moderna entre Kusama y Nueva York quedó fortalecida por galerías como David Zwirner, que representó a la artista durante los últimos años de su vida.

Sus exposiciones neoyorquinas se transformaron repetidamente en acontecimientos culturales.

El público hacía largas filas para entrar a instalaciones inmersivas, mientras sus pinturas y esculturas alcanzaban cifras millonarias dentro del mercado internacional.

Una obra de 1959, Untitled (Nets), llegó a venderse por 10.5 millones de dólares en 2022.

La joven artista que había llegado a Manhattan intentando encontrar un lugar dentro del avant-garde terminó convertida en una potencia comercial.

Kusama murió en 2026, pero Nueva York conserva parte de su historia

El Yayoi Kusama Museum y la Yayoi Kusama Foundation confirmaron que la artista murió en un hospital de Tokio el 14 de agosto de 2026, a los 97 años.

La noticia se anunció públicamente el 27 de agosto.

Kusama continuó pintando hasta sus últimos días.

Su muerte volvió a dirigir la atención hacia una carrera que atravesó más de siete décadas.

Y también hacia Nueva York.

Porque antes de convertirse en una artista capaz de llenar museos en Tokio, Londres, París o Melbourne, Kusama tuvo que encontrar un lugar dentro de una ciudad que podía ser tan fascinante como brutal.

De inmigrante desconocida a icono del arte

La historia de Yayoi Kusama en Nueva York tiene algo profundamente neoyorquino.

Llegó desde otro país.

Intentó entrar en una industria extremadamente competitiva.

Experimentó, provocó, fracasó, insistió y finalmente creó un lenguaje imposible de confundir con el de cualquier otra persona.

Los puntos terminaron cubriendo habitaciones, edificios, bolsos, esculturas y escaparates alrededor del mundo.

Pero las semillas de aquel universo infinito crecieron en el Nueva York de finales de los cincuenta y los sesenta.

Kusama abandonó Nueva York hace más de medio siglo. Nueva York, en cambio, nunca terminó de abandonar a Kusama.

Editorial Staff

Entradas recientes

El Met cancela exposición de John Galliano en Nueva York

La moda y la memoria histórica chocaron esta semana en Nueva York. El Metropolitan Museum…

9 horas hace

Santa Rosa de Lima celebra 125 años de fe en Nueva York

La fe latina volvió a llenar un templo histórico de Washington Heights. La parroquia Santa…

9 horas hace

Harry Winston: el hombre que convirtió los diamantes en un imperio del lujo

“Talk to me, Harry Winston, tell me all about it”. Cuando Marilyn Monroe cantó Diamonds…

22 horas hace

Hot dogs de Nueva York: historia del símbolo callejero de NYC

Nueva York puede presumir restaurantes con estrellas Michelin, algunos de los chefs más famosos del…

3 días hace

Alcaraz inicia su camino en el US Open

Nueva York vuelve a colocar a Carlos Alcaraz frente a uno de los mayores retos…

3 días hace

Selena Gomez busca frenar demanda contra Wondermind

Selena Gomez enfrenta una disputa empresarial que ha colocado nuevamente a Wondermind bajo la atención…

3 días hace