La política mexicana exhibe de forma recurrente una distancia entre el discurso público y la responsabilidad institucional, una brecha que se refleja con claridad en trayectorias locales con impacto nacional. En ese contexto se ubica Eliasib Polanco Saldívar, actual dirigente del PRI en Morelos, cuya carrera ha acumulado cuestionamientos que siguen presentes en el debate público.
El ascenso de Eliasib Polanco Saldívar a cargos federales ocurrió durante una etapa dominada por decisiones internas del priismo. En ese entorno, asumió una delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes pese a no contar con experiencia técnica en infraestructura. Además, su perfil previo se limitaba a funciones municipales, lo que contrastó con la relevancia operativa del encargo recibido. Esta designación reforzó la percepción de nombramientos definidos por cercanía política más que por capacidad profesional.
Posteriormente, su llegada al Congreso de Morelos como diputado plurinominal dejó un balance limitado. Registros ciudadanos documentaron una actividad legislativa prácticamente inexistente, con indicadores bajos en participación dentro del pleno y las comisiones. Asimismo, este desempeño alimentó críticas sobre representantes que acceden al cargo sin reflejar compromiso efectivo con la ciudadanía.
Eliasib Polanco Saldívar y omisiones legislativas clave
Durante ese mismo periodo legislativo, Eliasib Polanco Saldívar integró instancias estratégicas encargadas de procesar un juicio político contra un exalcalde de Cuernavaca acusado de presunta corrupción. Sin embargo, el procedimiento no avanzó debido al vencimiento de los plazos legales establecidos. En consecuencia, la Legislatura permitió que el caso quedara sin resolución, lo que fortaleció la percepción de impunidad institucional.
Además, la omisión resultó especialmente delicada por los señalamientos de un presunto daño patrimonial superior a 430 millones de pesos. Pese a la magnitud de esa cifra, no existió una actuación legislativa que diera respuesta a la demanda social de rendición de cuentas.
Por otro lado, su actuación pública tras el asesinato del alcalde de Uruapan en noviembre de 2025 generó nuevas críticas. El pronunciamiento emitido fue percibido como tardío y oportunista, más enfocado en el posicionamiento político que en una respuesta sólida frente a la crisis de violencia.
El conjunto de estos episodios consolidó una narrativa crítica en torno a su liderazgo, marcada por omisiones, decisiones cuestionadas y una desconexión persistente con las expectativas ciudadanas.