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De un jardín familiar al corazón de Manhattan: ¿de dónde sale el árbol de Navidad más famoso del mundo?

Mucho antes de que miles de luces iluminen el Rockefeller Center y las fotografías navideñas inunden las redes sociales, comienza una búsqueda que puede extenderse durante meses. El objetivo es encontrar un árbol extraordinario, capaz de convertirse en uno de los símbolos más reconocidos de la Navidad.

Lo sorprendente es que este enorme árbol generalmente proviene de una propiedad privada, donde ha crecido durante décadas sin que sus propietarios imaginaran que algún día terminaría en el corazón de Manhattan.

¿Quién encuentra el árbol perfecto?

La selección está a cargo de Erik Pauzé, jardinero principal del Rockefeller Center, quien recorre distintas regiones de Estados Unidos buscando ejemplares que cumplan características muy específicas.

La especie favorita es el abeto de Noruega, conocido como Norway spruce, debido a su altura, resistencia y ramas capaces de sostener miles de luces.

Generalmente se buscan árboles de al menos 21 metros de altura, con una copa amplia, frondosa y una forma equilibrada.

Una vez identificado el ejemplar, los organizadores contactan a sus propietarios para solicitar su donación.

El árbol de 2025 salió del jardín de una familia

En 2025, el protagonista fue un abeto de aproximadamente 75 años, procedente de East Greenbush, una localidad cercana a Albany, en el estado de Nueva York.

El árbol pertenecía a la familia Russ, que lo había visto crecer durante más de seis décadas.

Con una altura aproximada de 22.9 metros y un peso de 11 toneladas, el ejemplar fue transportado hasta Manhattan en un camión de plataforma especial.

La familia decidió donarlo para que formara parte de una tradición que cada año reúne a visitantes de diferentes países.

¿Cómo transportan un árbol tan gigantesco?

Mover un árbol de semejantes dimensiones representa una operación logística considerable.

Primero, especialistas lo cortan cuidadosamente y utilizan grúas para colocarlo sobre un camión de gran tamaño. Después comienza su traslado por carretera hacia Nueva York.

Una vez en Rockefeller Plaza, otra grúa lo levanta hasta dejarlo en posición vertical. Posteriormente, los equipos de decoración instalan las luces y la estrella que corona su estructura.

El espectáculo requiere semanas de preparación y coordinación.

Más de 50 mil luces y una estrella con millones de cristales

La decoración es otro de los grandes atractivos.

En 2025, el árbol contó con más de 50 mil luces LED multicolores y una estrella Swarovski de aproximadamente 408 kilogramos, adornada con cerca de tres millones de cristales.

La ceremonia de encendido se convirtió nuevamente en uno de los acontecimientos navideños más representativos de Nueva York.

Para 2026, Rockefeller Center tiene programada la llegada del árbol el 7 de noviembre y su encendido oficial el 2 de diciembre. Los detalles sobre el ejemplar de esta temporada todavía están pendientes de anunciarse.

Una tradición que comenzó con trabajadores de la construcción

La historia del árbol se remonta a 1931, cuando trabajadores que participaban en la construcción del Rockefeller Center reunieron dinero para comprar un pequeño árbol navideño.

Lo decoraron con adornos sencillos elaborados por sus familias, sin imaginar que aquella celebración se convertiría en una tradición internacional.

En 1933 se realizó la primera ceremonia oficial de iluminación.

Desde entonces, el árbol ha sido parte de la identidad navideña de Manhattan.

¿Qué pasa con el árbol después de Navidad?

Aquí aparece uno de los detalles menos conocidos de esta historia.

Cuando termina la temporada navideña, el árbol no simplemente se desecha.

Desde 2007, su madera se dona a Habitat for Humanity, organización que la aprovecha en proyectos de construcción de viviendas.

Así, el ejemplar que durante semanas iluminó Manhattan continúa teniendo una utilidad después de Navidad.

Mucho más que un árbol de Navidad

Detrás del árbol del Rockefeller Center hay familias que lo cuidaron durante generaciones, especialistas que recorrieron cientos de kilómetros para encontrarlo y trabajadores encargados de convertirlo en un espectáculo.

Lo que alguna vez fue un pequeño abeto plantado en un jardín termina convirtiéndose en una postal mundial.

Y quizá ese sea el detalle más fascinante de esta tradición: el árbol de Navidad más famoso de Nueva York no nace en Manhattan, pero cada diciembre encuentra allí su lugar en el mundo.

Lee también: NAB Show conecta tecnología y creatividad en Nueva York

Editorial Staff

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